martes, 30 de mayo de 2017

Anónima

El anonimato siempre me ha conmovido. 
Vivir sin nombre y sin historia entre los hombres, en un presente infinito purificado de prejuicios y vanidades. Admiro la sencilla mirada del desconocido con su mutismo de palabras y la adornada simbología de sus gestos. 

Me asombro ante lo plural y complejo de este mundo cuando, sumergida, contemplo multitud de rostros sin espejo. Aunque confieso que también despiertan en mí lejanos miedos plagados de recuerdos ante la delgada pero sombría capa de indiferencia que logra difuminar los rasgos más hermosos, aquellos constitutivos de nuestra raza, los que hacen del hombre lo que es: único, real, imprescindible.

Quizá por eso, en una lucha impredecible contra mi propia naturaleza, decidí romper la burbuja de mi propia individualidad dejando a las de otros invadir ese espacio singular. ¿Qué descubro? ¿Qué gano? ¿Qué recibo?

Una mujer pierde su brillo en la calle sin nombre de su historia. Entre el silencio de la colectividad se levanta un susurro en marejada matutina y despierta: 

"Hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos".


No hay comentarios:

Publicar un comentario