viernes, 17 de febrero de 2017

Lealtad

La LEALTAD, una palabra en desuso y, en la mayoría de los casos mal entendida, tergiversada, vacía de su sentido original, pero que un día como hoy se descubre ante mí como si fuera una ola gigante y perfecta dispuesta a llevarme, juguetona, hasta la orilla que aún no logro ver.
Se es leal no cuando todo va bien, me dijeron; Eres leal porque decides ser fiel cuando ya dejaste de creer.

Empiezo a comprender que, aunque yo misma no sea consciente de ello, deseo llegar hasta el final esperando llenar el hueco profundo que solo conoces tú, al que únicamente tú puedes acceder y colmar, con la brillante luz de las estrellas, ardiendo millones y millones de años sin consumirse ni apagarse, embelleciendo la negra noche que me separa de ti.

¡Qué misterio tan inabarcable se encierra en esa inmensidad desconocida rociada de diamantes, inconmensurable, tejida entrañablemente por tus manos en un instante de tu eternidad!
Quisiera estudiarla, comprenderla, deseando encontrar allí las respuestas sobre lo que un día fuimos, lo que ahora somos y, quizá, sobre lo que seremos.
¿Estará nuestra existencia condensada en pequeños puntitos de luz, iluminando débilmente el firmamento, tarareando canciones pasadas que solo pueden escucharse desde el corazón de quien nos ve?

Cuando al atardecer contemplo ese cielo ennegrecido paulatinamente con el paso de las horas, experimento cómo mi alma se ensancha más y más anhelando ascender hacia él, fundiéndome en su hermosura.

A mi parecer, no existe nada más bello que la bóveda perlada sobre nosotros, especialmente cuando la tierra que pisamos ha perdido mucho de su encanto, de su color, de la fuerza que mantenía viva la savia que asciende y desciende en cada ser: naciendo, existiendo, muriendo.
Sin palabras me habla de ti y de mí. Es una eterna nana que florece de tus labios invisibles, el preludio de un encuentro que no termina de llegar, lo imposible haciéndose real ante mis ojos: toda la energía del universo contenida en mi retina y en mi enfermo corazón.

Verdaderamente es el cielo quien sostiene la tierra, el que nos permite seguir soñando.



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