viernes, 2 de diciembre de 2016

Para ti



Parece un lienzo desgastado con el tiempo, desprovisto de colores ardientes, difuminado en una luz demasiado clara y cegadora. Sin contornos, impreciso, como queriendo desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.

Pero me gusta porque, inevitablemente, cuando lo contemplo te veo a ti.
Quizá sea por la pureza y sencillez de los trazos, incapaces de violentar la mirada.
Quizá porque todo en él invita a guardar silencio y dejarse envolver por su atmósfera inquietante y apacible.
Puede que la serena tonalidad azul tan bellamente lograda despierte en mí el recuerdo de tus ojos, aquellos que siempre me han mirado como si fuera lo más valioso de este mundo.

Y, sin embargo, no me basta solo con eso.
Para mí, el puente de Monet es hermoso por su profundidad, por el misterio que encierra la aparente voluptuosidad.
Es la eterna fotografía de un instante suspendido en el tiempo, destinado a permanecer desafiante por los siglos de los siglos.
Un instante que continúa su viaje en la sucesión de los días y las noches; para siempre puro, eterno, enamorado.

Es la luminosa belleza de nuestra existencia que requiere una nueva mirada para ser fielmente contemplada.

Sí, más allá de lo que ven nuestros ojos.
Allí, donde no existen las palabras.

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