viernes, 25 de noviembre de 2016

Preguntas sin respuesta

Quisiera encontrar el mejor lugar donde reclinar la cabeza, aprender a vivir, para aprender a morir.
Solemos pensar que son realidades separadas tanto en el espacio como en el tiempo y, sin embargo, son las caras de una misma moneda: Vida y muerte; el todo y la nada; la luz y las tinieblas.

Cuando logramos comprender al menos un poco que somos mucho más que minúsculas gotas inertes de un océano sin final y sin principio, el valor que dicha moneda acuña aumenta tornándose agradable y seductor a nuestros ojos.

Luchamos por controlar aquello que ardientemente deseamos evitando aceptar una de las más importantes tareas, si no la única, en este mundo: unir en nosotros estos dos términos aparentemente contradictorios.

¿Qué es la vida? ¿Qué la muerte? ¿Por qué amamos una y aborrecemos la otra? ¿Existe la nada? ¿Dónde encontramos el todo? ¿Hay luz cuando solo brillan las tinieblas?

Demasiadas preguntas y muy pocas respuestas...pero creo que es mejor así. Si desapareciera todo signo de interrogación... ¿Llegaría a encontrarte? ¿Tendría el valor de dejar de buscar?
Yo ya he visto la verdad. Ahora debo atravesar el desierto que me aterra y que me engulle, seguir caminando para intentar desentrañar un misterio que trasciende todo lo que palpo, lo que oigo y lo que veo dentro de las sombras.

Debo luchar, dejarme ir. Creer que puedo seguir dando un paso tras otro.

La puerta ya está abierta.



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