viernes, 11 de noviembre de 2016

Expiación

Hoy he sentido la necesidad imperiosa de escribir, de realizar el humilde proceso que comienza en el corazón y recorre el cuerpo de la pluma hasta finalizar en la sangre negra impresa sobre el papel.
¡Qué satisfacción! ¡Qué orgullo! El don me pertenece, como a tantos otros que disfrutaron y disfrutan de este misterioso placer de expiación desinteresada.
Y hoy mi confesión es de suma importancia: me acerco sigilosa, despacio y con cautela hacia la felicidad.

He descubierto su morada, su cueva oscura. Solo falta adentrarme un poco más, llegar hasta el final.
Ligeramente, como la suave niebla que acaricia los valles durante las cortas madrugadas, sorteo los rostros de aquellos que encuentro entre la multitud, comprendiendo que no soy más que una pequeña gota sumergida en el océano.

Ahí está: hermosa, única, irrepetible. Camino sin temor, porque la vida, mi vida, me espera de nuevo, impacientes las dos por retomar el viaje.


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